Apropiarse de los símbolos y transformarlos tiene raíces muy profundas.
Intervenir algo tan institucional como el jersey de la Selección Mexicana es algo profundamente femenino y mexicano, porque es una forma de desafiar los códigos establecidos, de hacerlo propio, de mostrar y demostrar su capacidad creativa y su identidad. Lo que parece un tema de moda es mucho más que eso, es la manera de hacerse visibles en una sociedad profundamente hegemónica que sigue imponiendo reglas a las mujeres sobre cómo comportarse. En pocas palabras, adaptar un jersey es una forma de rebelión hacia el sistema que ha doblegado históricamente a las mujeres y les ha dicho que no pueden ser parte de esto.
Una de las cosas más mexicanas que existen es intervenir.
La cultura mexicana se construyó sobre una tensión que viene desde la Conquista, cuando los símbolos extranjeros buscaron dominar a las culturas ancestrales. Se habla de sincretismo, pero en realidad es la forma de rebelarse a la imposición de la Iglesia y la corona española del siglo XVI, y no es extraño concluir que la FIFA también oprime, impone y restringe. Esa exclusión sigue presente, y al no tener un respaldo institucional, los mexicanos viven una vida al margen del canal oficial, donde la informalidad, la improvisación, el ingenio y la rebelión van todos de la mano. En México cada persona fabrica su propio lugar, y por eso la pertenencia es una gran necesidad social.
Así como se interviene el jersey, se interviene la realidad.
La manera mexicana de responder a lo dominante no es el rechazo sino la re-apropiación, y en el caso del jersey, el pirateo no se vive como robo sino como una forma legítima de formar parte de las dinámicas sociales, porque en los tianguis se consiguen jerseys no oficiales que por precio están fuera de las posibilidades de muchos mexicanos, con los diseñadores se encuentran adaptaciones que evitan las multas de la FIFA y proponen opciones visuales más acordes con la propia identidad, y las mujeres lo adaptan porque, aunque hay siluetas para ellas, no deja de ser un objeto deportivo que no las representa. Se desafían en apariencia las normas, pero no por ganarle al sistema sino para poder acceder a él de una manera más personal y menos impuesta.
No se rechaza el símbolo del que manda, se rehace hasta volverlo de uno.
La copia no es robo, es membresía
El jersey se desacraliza y deja de ser ese símbolo sagrado, todo para no quedarse fuera, porque si los mexicanos se burlan de la muerte, un jersey les importa poco. Quienes encabezan esta apropiación son las mujeres, que toman un símbolo pensado para hombres y lo rehacen a su medida, estilo y gusto, y al intervenirlo demuestran su capacidad, mostrando oficio, creatividad y pasión. No se hace a la ligera, se interviene con las mayores capacidades que se tienen.
Toman un símbolo hecho para hombres y lo rehacen a su medida.
La apropiación no es solo un gesto de resistencia, sino una manera de negociar con las instituciones que históricamente cerraron sus puertas, porque al hacer suyo un símbolo la gente obliga a quien lo controla a tomarla en cuenta. Esa presión social, sostenida a través de generaciones, termina moviendo a las propias instituciones, que poco a poco se vuelven más flexibles. Lo que parece rebelión es, en el fondo, una forma lenta pero firme de abrir desde abajo lo que estaba cerrado desde arriba.
El valor está del lado del significado, no del símbolo.
El jersey no es el tema, es el último objeto de la lista
Si miras México desde afuera, conviene cambiar el lente con el que lees lo que ves, porque lo que a primera vista parece informalidad, piratería o falta de respeto a la marca es en realidad la forma más firme y antigua que tiene esta cultura de hacer propio lo ajeno. A través de la historia, los mexicanos no se relacionan con un símbolo importante guardándolo intacto, sino interviniéndolo, copiándolo y rehaciendo hasta sentirlo suyo, de modo que la apropiación no nace del desprecio sino del deseo de pertenecer. Entenderlo cambia por completo cómo se lee el mercado, porque la copia que parece una amenaza es muchas veces la prueba de que un símbolo importa, y socialmente significa que la gente ya lo adoptó como propio en lugar de rechazarlo. Para una marca, una institución o cualquiera que llegue de fuera, leer mal esa señal lleva a defenderse de su propia audiencia, cuando lo que esa audiencia está haciendo es la forma más mexicana que existe de decir que algo le pertenece.
Tomar lo que se le impone y volverlo suyo.